Opinión

¿CONSENTIRÁ ESTO ESPAÑA?

Editorial publicado por, el presidente y editor de La Voz de Galicia, Santiago Rey Fernández-Latorre. 

21 septiembre de 2012.

Cinco años después del comienzo de la crisis más aniquiladora que recuerdan generaciones, y apenas a nueve meses de la toma de posesión del Gobierno, los españoles han perdido ya toda esperanza en encontrar una sola mano valiente capaz de cambiar la dirección que nos lleva irremisiblemente a la derrota.

Metidos en la niebla, carentes de verdaderos líderes y sin nadie que aporte ideas, los españoles ven hoy que van en rumbo de colisión, seguros ya de que se aproximan más a la catástrofe. Y seguros también de que será irremediable, porque quienes tienen en su mano el timón han confundido su destino.

Fueron elegidos para corregir con energía el desastroso error con que castigaron a la sociedad anteriores gobernantes, quienes, con su perversa actuación, secaron la economía y agotaron las ansias del pueblo. Pero en cada consejo de ministros se demuestra que ni una sola de las medidas que se aprueban sirve para devolver el pulso y la confianza a un país moribundo.

Las finanzas públicas -insuficientes para atender las necesidades del Estado- empeoran a pasos agigantados, con intereses tan altos que resulta imposible pagarlos y se retrasan como regalo envenenado a las próximas generaciones.

Las empresas ven hundirse su economía en prácticamente todos los sectores, porque, en contra de la propaganda oficial, ni una sola medida ha contribuido al crecimiento de la actividad y del consumo.

Las cuentas de las familias se han destrozado ya, imposibles de cuadrar por la caída de ingresos y la falta de trabajo y oportunidades para gran parte de sus miembros.

Los jóvenes sufren el drama de prepararse a conciencia para nada. O de emigrar como sus abuelos. Los adultos que aún conservan empleo asisten acongojados a las insalvables dificultades de sus empresas. Los que han entregado su carrera al servicio público en la Administración se sienten maltratados en su nómina y en su imagen. Los millones de personas que tienen la desgracia de haber caído en el paro sufren como nadie el presente y temen más que nadie el futuro. Y por si todo esto fuera poco, los que viven de su trabajada pensión o están a punto de hacerlo tienen pánico a lo que pueda pasar en cualquiera de los próximos consejos de ministros, porque temen que de allí salga para ellos un trato tan injusto como intolerable.

No se puede arrojar más agua hirviendo ni más calamidades sobre una población de más de cuarenta y siete millones de personas que de ninguna manera se ha merecido esto. Ha sido siempre comprensiva, se ha mantenido serena, ha creído todas las mentiras que le han ido contando y ha confiado en quienes le pedían apoyo. No aguanta más. Se palpa en la calle, en cualquier conversación, y se palpa en la vida pública, excepto en los confortables coches, aviones y despachos oficiales.

Porque esa población maltratada observa a diario cómo se le recortan prestaciones, derechos y conquistas que nos han hecho un país civilizado; cómo se le encarecen los productos y los servicios básicos; cómo se le vacía la cartera con impuestos y exacciones. Y cómo prevalecen los privilegios en el tejido de las Administraciones públicas y el aparato que han creado en su exclusivo beneficio los políticos.

Ven también cómo la ley les presenta una doble faz: la dura para sus derechos y aspiraciones legítimas y la blanda para los que rodean el poder, sean las exigencias de Gobiernos como el catalán o los privilegios de políticos y grandes corporaciones que se empecinan en fijar las reglas del juego, por encima incluso de lo que establece para todos la Constitución.

Miles de chiringuitos inútiles con nóminas bien infladas. Despilfarro de centenares de millones en vacía grandilocuencia monumental. Hiperinflación de puestos a sueldo del erario. Descomunales aparatos de propaganda emitiendo veinticuatro horas al día. Cámaras, instituciones y organismos que no aportan más que prebendas y gastos suntuarios, incluidos los de los traductores vernáculos. Lujos en un país desangrado. Episodios continuos de corrupción. Ese es el retrato que se puede hacer hoy de esta España que desde la transición esperaba mejor destino.

Y todo esto, ¿tiene culpables? Desde luego. Con nombres y apellidos.

Lo fueron, y no han pagado ni un solo desperfecto, quienes tomaron en sus manos un Estado con superávit, nos hicieron creer que íbamos a ser más grandes que Italia y Francia y agotaron irresponsablemente nuestros recursos. Aseguraron que nuestro sistema financiero era el más seguro de Europa y lo despellejaron hasta dejarlo irreconocible. Anunciaron que pronto se acabaría con el paro, y con su política enviaron al desempleo a millones de personas. Todo eso le deben los españoles al bienintencionado Gobierno de Zapatero, a los sindicatos e incluso a algunos presidentes autonómicosque agrandaron el problema cuando aún tenía remedio.

Zapatero no quiso ver el abismo y llamó antipatriotas a quienes le advertían de su absoluto alejamiento de la realidad. Y se fue sin rendir cuentas, bien premiado con un estupendo puesto en el Consejo de Estado.

Entonces, los españoles entregaron una fornida mayoría absoluta a quien le llamaba incompetente, quizá pensando que él no lo sería. Pero no han hecho falta más que unos meses para comprobar que el gallego templado e inmutable tiene sus preocupaciones lejos de las de los españoles.

Triste es ver cómo Mariano Rajoy ha dejado de gobernar y ha pasado a ser gobernado. Gobernado por quienes nunca lo eligieron: ni los anónimos y depredadores mercados ni Angela Merkel y sus jaleadores ni la troika que nos amenaza continuamente con los hombres de negro como en una pesadilla infantil. Realmente, España no debería consentirlo.

España no puede consentir que se destroce su vitalidad y se la empobrezca cada vez más, para dejarla como esclava, pasando penalidades, al servicio de los que imponen los ajustes, pero no se someten a ellos.

España no puede consentir que se la relegue al vagón de cola de Europa y que sea pasto de los mismos usureros que están hundiendo en la miseria a Grecia y a Portugal.

España no puede consentir volver a las peores épocas de su historia, desangrada por los antagonismos, enfrentada, rota toda solidaridad interna, entregada al caos.

La política ciega que ha emprendido el Gobierno en contra de la propia fortaleza del país es, sobre todo, una inversión en divisiones y una siembra de odios que ya parecían superados para siempre. Basta ver la exacerbación que se vive estos días en Cataluña y la grotesca liberación de Bolinaga para entender que España corre riesgo de fracasar. Lo hará si no se fortalece la idea de que la acción política tiene que dirigirse primordialmente al progreso de los españoles, y no a su bancarrota o su división. No sería para felicitarse si volviesen de nuevo los rencores y los vetos a los productos catalanes, que ya produjeron consecuencias tan nefastas.

Llevar al país, como se está llevando, por la senda de la desesperanza y la confrontación solo trae consecuencias trágicas. Desde la conflictividad social a la aparición de falsos mesías y cínicos redentores que intentan beneficiarse de la situación y engañar a los ingenuos haciéndoles creer que se mueven por el interés de la gente cuando lo hacen exclusivamente por el suyo.

Ahora los gallegos han sido convocados nuevamente a las urnas, en medio de un desencanto con los políticos jamás vivido en democracia. Y no tienen fácil su decisión. Como dice el propio Feijoo, tienen que elegir entre darle a él una segunda oportunidad o volver al bipartito, pese al infausto recuerdo que dejó.

Dentro de un mes, los ciudadanos de Galicia podrán hablar y dar su veredicto, si se animan a participar en la tan decepcionante vida pública actual. Pero antes es el turno de los candidatos. Son ellos los que deben reflexionar y explicar con claridad qué proponen para torcer este destino fatal al que ellos mismos nos han abocado. Tienen esa obligación con todos los ciudadanos, como tienen la obligación de decir la verdad. Debemos saber cuáles son sus verdaderas intenciones, para que los votantes no vuelvan a sentirse traicionados, como ha sucedido con el que prometía no subir el IVA. Ahora asegura que no tocará las pensiones, pero cada vez se hace más difícil creerle.

Son los que aspiran a gobernarnos los que deben merecerlo. Y para ello es imprescindible que se comprometan a cambiar radicalmente la política que destruye por la que construye. La que nos lleva de cabeza a la ruina que ya experimentan nuestros vecinos por la que nos haga retornar al único camino que debe recorrer un gran país. Acabar con la contracción y empezar el crecimiento.

Es la hora. Ya no hay tiempo. Galicia y España no pueden consentir de ninguna manera lo que está pasando.

Y si los que gobiernan, del primero al último, con toda la información que poseen, creen que no tienen otra alternativa que seguir demoliendo la casa de los ciudadanos, será mucho mejor que abandonen ya. Inmediatamente. Mientras no cambien, no los necesitamos ni los queremos para nada.

 Fuente: La Voz de Galicia. 

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ALEMANIA DEBE CONDICIONAR LA AYUDA EUROPEA A ESPAÑA

El artículo que se presenta a continuación fue realizado por la economista y periodista alemana, corresponsal en Madrid, Stefanie Claudia Müler y el catedrático de Economía de la Universidad Politécnica Roberto Centeno. Se publicó el 6 de septiembre, coincidiendo con la visita de Angela Merkel a España, en varios periódicos germanos. En España, en principio, no tuvo demasiada trascendencia en los medios de comunicación tradicionales, pero pronto corrió “como la pólvora” a través de la red.

A continuación ponemos a vuestra disposición la transcripción del mismo y dejamos el enlace en alemán al final para que, quien quiera, pueda también disponer de él.  

 

Hoy, 6 de septiembre, se encuentran en Madrid los gobiernos de Alemania y España, acompañados de un nutrido grupo de empresarios, y donde seguro hablarán sobre las condiciones para poder otorgar más ayudas financieras a España o a su sistema bancario.

En los dos lados se ha elevado el tono en los últimos meses y es con gran expectación que España espera ahora la decisión que va a tomar el Tribunal Constitucional alemán, que esa sí es crucial, el día 12, sobre la conformidad o no del rescate europeo y las obligaciones derivadas para los alemanes.

En Alemania crece la crítica contra la supuesta “mentalidad de fiesta” de los españoles; en España los medios cada vez son más negativos con la supuesta dureza de la canciller Merkel.

Pensamos que la situación es mucho más compleja de lo que presentan ambos gobiernos y la mayoría de los medios.

España no es Grecia, pero España puede ser un paciente crónico si Alemania, junto con Europa, no contribuye a solucionar sus verdaderos problemas.

España no debería recibir más dinero sin que se cambie a fondo el sistema político y económico, hoy en manos de una oligarquía política aliada con la oligarquía económica y financiera, y sin que se aumente la participación ciudadana real en las decisiones políticas.

Para no perpetuar la crisis y endeudar a los españoles durante generaciones, el Gobierno español debe reformar a fondo la administración de las comunidades autónomas y los ayuntamientos, en su mayoría en bancarrota y completamente fuera de control, sometiendo a referéndum el modelo de Estado.

Este tema es la clave del futuro de España, porque las regiones, ayuntamientos y diputaciones son los responsables de los dos tercios del gasto público -234.000 millones frente a 118.000 el Estado en 2011-, excluyendo la Seguridad Social -23.000 millones-, y este gasto se realiza en condiciones de descontrol, despilfarro y corrupción totalmente inaceptables.

Las razones verdaderas de la crisis del país, en consonancia con lo dicho, nada tienen que ver con salarios demasiado altos -un 60 % de la población ocupada gana menos de 1.000 euros/mes-, pensiones demasiado altas -la pensión media es de 785 euros, el 63% de la media de la UE -15- o pocas horas de trabajo, como se ha trasmitido a veces desde Alemania.

A España tampoco le falta talento, ni capacidad empresarial ni creatividad.

Tiene grandes pensadores, creativos, ingenieros, médicos excelentes y gestores de primer nivel.

La razón de la enfermedad de España es un modelo de Estado inviable, fuente de todo nepotismo y de toda corrupción, impuesto por una oligarquía de partidos en connivencia con las oligarquías financiera y económica, y con el poder judicial y los organismos de control a su servicio.

En España no existe separación de poderes, ni independencia del poder judicial, ni los diputados representan a los ciudadanos, solo a los partidos que los ponen en una lista.

Todo esto lleva también a una economía sumergida que llega al 20% del PIB y que frena la competencia, la eficacia y el desarrollo del país. Además, detrae recursos con los que podrían financiarse educación y sanidad.

Las ayudas para España, igual que para otros posible candidatos de rescates, no deben ir a bancos ya casi en bancarrota y fuertemente politizados.

En la CAM, el Gobierno ha comprometido 16.000 millones de dinero público en lugar de cerrarla; en Bankia, 23.000, y el Ejecutivo acaba de darle 5.000 millones urgentemente para cubrir pérdidas en vez de cerrarla, y además de forma tan extraña que despierta todo tipo de recelos. ¿Por qué se ha utilizado el dinero de los españoles (FROB) en vez de esperar los fondos de la UE?

Es lícito suponer que la razón es la siguiente: los bancos no quieren que la UE investigue sus cuentas.

Control estricto y duras condiciones:

Ya el caso de Grecia ha demostrado que las ayudas europeas tienen que estar vinculadas a un control estricto y condiciones duras. Esas condiciones no pueden solamente representar recortes sociales o subidas brutales de impuestos, como hace ahora el Gobierno de Mariano Rajoy con la excusa de Europa.

Se tiene que cambiar más en España que cortar gasto social, que de todos modos es mucho más bajo que en Alemania, y hay otros gastos infinitamente más relevantes que se pueden eliminar.

Además, los casos de corrupción resultan tan escandalosos, incluso en el propio Gobierno, que uno solo puede llegar a una conclusión: el dinero de Europa no puede ser manejado por  personas tan increíblemente venales.

La pasada semana el ministro de Industria Soria – imputado también por corrupción urbanística en Canarias – acusó al ministro de Hacienda en el Consejo de Ministros de favorecer descaradamente a la empresa líder de renovables, Abengoa, de la que había sido asesor, en la nueva regulación de estas energías, que reciben más de 7.000 millones de euros de subvenciones anualmente.

Y Rajoy, al que entregó una carta probatoria, ni dijo ni hizo absolutamente nada.

No puede permitirse por más tiempo este nivel de corrupción, y menos aún a 17 regiones funcionando como estados independientes, con todos los organismos multiplicados por 17, desde 17 servicios meteorológicos a 17 defensores del pueblo, con 200 embajadas, 50 canales de TV regionales en pérdida, 30.000 coches oficiales o 4.000 empresas públicas que emplean a 520.000 personas, creadas específicamente para ocultar deuda y colocar a familiares y amigos sin control ni fiscalización alguna.

En conjunto, unos 120.000 millones, equivalentes al 11,4% del PIB, se despilfarran anualmente en un sistema de nepotismo, corrupción y falta de transparencia.

Y con esto se tiene que acabar, entre otras cosas, porque ya no hay dinero. Los últimos datos de las cuentas públicas conocidos la pasada semana son escalofriantes.

El déficit del Estado a julio ascendió al 4,62% del PIB, frente a un déficit del 3,5% comprometido con la UE para todo el año (del 6,3% incluyendo regiones y ayuntamientos).

Pero lo realmente inaudito es que España está gastando el doble de lo que ingresa: 101.000 millones de gasto a julio frente a 52.000 millones de ingresos, y precisamente para poder financiar el despilfarro de regiones y ayuntamientos, que no están en absoluto comprometidos con la consolidación fiscal.

El tema del déficit público es algo que roza la ciencia ficción, y que ilustra perfectamente la credibilidad de los dos últimos gobiernos de España.

En noviembre de 2011, el Gobierno dijo que el déficit público era del 6% del PIB; a finales de diciembre, el nuevo Gobierno dijo que le habían engañado y que el déficit era superior al 8%, y que se tomaba tres meses para calcularlo con toda precisión.

A finales de marzo, se dijo que definitivamente era del 8,5%, y ésta fue la cifra que se envió a Bruselas.

Dos semanas después, la Comunidad de Madrid dijo que sus cifras eran erróneas y el Ayuntamiento de la capital igual… el déficit era ya del 8,7%.

Sin embargo, la semana pasada el INE dijo que el PIB de 2011 estaba sobrevalorado y, con la nueva cifra, el déficit era del 9,1%; dos días después, Valencia dijo que su déficit era de 3.000 millones más; o sea, que estamos en el 9,4% y las otras 15 CCAA y 8.120 ayuntamientos aún no han corregido sus cifras de 2011.

Lo único que sabemos es que están todas infravaloradas.

El déficit real de 2011 puede estar por encima del 11%, y en 2012 se está gastando el doble de lo que se ingresa.

Como dice el Gobierno de Rajoy, “estamos en la senda de convergencia”. Y es verdad… de convergencia hacia Grecia. Claramente, la joven democracia española tiene todavía muchos déficits de representatividad y de democracia que deberían interesar a la canciller Merkel y también a Europa, si queremos evitar una Grecia multiplicada por cinco y salvar el euro.

Esto es lo que ha hecho posible el despilfarro masivo de las ayudas europeas, con una asignación disparatada de las mismas, a pesar de que estas ayudas han supuesto una cifra mayor que la del Plan Marshall para toda Europa.

Es frustrante que a causa de este sistema oligárquico nepotista y corrupto se destroce talento y creatividad y que ahora muchos jóvenes se vean forzados a trabajar fuera, muchos en Alemania.

Esa situación nos ha llevado a una distribución de riqueza que es de las más injustas de la OECD.

La antaño fuerte clase media española está siendo literalmente aniquilada.

Resumiendo: no es una falta de voluntad de trabajo, como se piensa tal vez en algunos países del norte de Europa, lo que hace que España sufra la peor crisis económica de su Historia.

Es un sistema corrupto e ineficiente.

La crítica del Gobierno alemán y sus condiciones para un rescate de España se deberían concentrar en la solución de esos problemas.

En caso contrario, solo conseguirán que una casta política incompetente y corrupta arruine a la nación para varias generaciones.

Esa situación nos ha llevado a una distribución de riqueza que es de las más injustas de la OECD.

La antaño fuerte clase media española está siendo literalmente aniquilada.

Resumiendo: no es una falta de voluntad de trabajo, como se piensa tal vez en algunos países del norte de Europa, lo que hace que España sufra la peor crisis económica de su Historia.

Es un sistema corrupto e ineficiente.

La crítica del Gobierno alemán y sus condiciones para un rescate de España se deberían concentrar en la solución de esos problemas.

En caso contrario, solo conseguirán que una casta política incompetente y corrupta arruine a la nación para varias generaciones.

Artículo en alemán: http://www.cotizalia.com/opinion/disparate-economico/2012/09/06/deutschland-sollte-spanien-harte-konditionen-fur-weitere-euhilfen-auferlegen-7389/

Fuente: Cotizalia – Blogs: el disparate económico. 

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